Amor y Mentiras (Parte 2)




- ¿Cómo van las cosas en el apasionante mundo de la publicidad? 

- Bien. 

- ¿Cuánto tiempo llevas en ese área? 

- Unos días, pero he disfrutado de cada momento.

- ¡Vaya! mientes muy bien. Bueno, escucha, la semana que viene es la exposición canina anual y no tengo nadie para cubrir la noticia. Hazlo bien y si lo consigues recibirás un ascenso. ¿Estás interesado? 

- ¡Claro que estoy interesado, gracias! 

- De acuerdo. Prepararte, en unos días tendrás que viajar a Londres.


     Edu: Judith, mi jefe me ha encargado que cubra la noticia de la exposición canina. Vamos a estar en el mismo evento, ¿quieres que nos veamos? 

     Jud: Claro, me encantaría.

    En ese momento Judith sintió que su mundo se desmoronaba, no sabía qué hacer. Muy preocupada corrió al dormitorio de su compañera de piso. 

- Rocío, tengo problemas, Edu y yo estaremos trabajando en el mismo evento y hemos quedado para vernos. 


- Dónde tienes el problema Judith, vas a conocer al hombre con el que llevas soñando unos siete años, la verdad no veo ningún problema. Así podrás obtener de él algo más que unas fotos. 

- Ese es mi problema, las fotos. Le engañé, cuando llegó el momento de intercambiarnos alguna. No mande ninguna de mis fotos, envié de las tuyas. 

- ¿Que? ¡Pero tú estás loca!

- Lo siento mucho, pero es que yo siempre he sido muy fea, con la cara repleta de granos y tu siempre has sido endiabladamente perfecta, sin una mancha, sin un grano... Pensé que nunca lo descubriría. 

- ¿Entonces todas las fotos que le has mandado son mías? ¿Vas a plantar a un tío con el que llevas soñando siete años y le dejarás con la fantasía de alguien que no existe? 

- No, pensé que igual podrías ocupar mi lugar, sólo sería una cena nada más. 

- Ni hablar, tú estás loca. Además no sabría qué decir. 

- Venga, por favor, lo harás muy bien me conoces a la perfección. 

- Que no. 

- Por favor es sólo una cena, no me abandones justo cuando más te necesito. - Si no hubieses mentido no me necesitarías y no me vería implicada en estas cosas.

     Eduardo sentía exactamente lo mismo que Judith, había cometido un error al no recordar que no había sido totalmente sincero con ella, apresurada mente llamó a su amigo Adam por teléfono.


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